lunes, 14 de noviembre de 2011

Vergüenza

¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer?
Odio que nos parezcamos tanto. A lo mejor es la genética, quizás algo nos hizo aprender a las dos hace tiempo que mostrar nuestro dolor es una debilidad. No lo sé. Pero no podemos remediarlo. Ni tú, ni yo. 

Sin embargo, yo pasé por esto hace tiempo, yo me gané mi independencia a  base de lágrimas ocultas tras una almohada a media noche. Aprendí que independencia es soledad. Y lo asumí. Tú, por otro lado... Elegiste la vía fácil. Elegiste taparte los ojos, la nariz y los oídos, y ser feliz. No te culpo. Quién no quiere ser feliz, aún a costa de la verdad. El problema... El problema es que no es eterno. Que la mentira acaba mostrando sus cartas, y nunca nos gustan. 

Pero la verdad no perdona. Da igual cuánto te esfuerces en ocultarla, al final volverá a tí. Y a ti, ahora, tras seis años mostrando tus artes como la experta mentirosa que eres, te has enfretntado al poker de ases de la verdad. Y te ha dolido. 

Porque no sabes estar sola. Porque no quieres estar sola. Porque te rompe el corazón. Porque no tienes a nadie, ni siquiera a tu hermana, para que te apoye.

Porque por alguna razón, tu hermana, igual que tú, no sabe ayudar, igual que no sabe pedir ayuda.

¿Cómo decirte que sé por lo que estás pasando? ¿Cómo decirte que tienes que ser fuerte, aguantar un poco más hasta que pase la tormenta y puedas atisbar algo de esperanza? 

¿Cómo poder mirarte a los ojos sabiendo que pude ayudarte, pero no lo hice?