Llega un día en el que miras alrededor y sólo ves un montón de butacas vacías.
Los espectadores de lo que un día fue tu vida han abandonado el teatro antes de tiempo.
Sola, te sientas en el palco, mirando la inmensidad del teatro vacío.
¿Por qué? Te preguntas.
Fuiste tú, te respondes.
Uno a uno les echaste. A algunos les expulsaste sin miramientos, a otros por su propio bien. A otros creíste ayudarles pero sin embargo les hiciste tanto daño que por su propio bien abandonaron el teatro.
Y ahora, ahí sentada, observas los despojos de lo que un día fue una obra, y que ahora sólo es un teatro vacío.
El eco de tus pasos te recuerda que en esta farsa, estás completamente sola.
Los espectadores de lo que un día fue tu vida han abandonado el teatro antes de tiempo.
Sola, te sientas en el palco, mirando la inmensidad del teatro vacío.
¿Por qué? Te preguntas.
Fuiste tú, te respondes.
Uno a uno les echaste. A algunos les expulsaste sin miramientos, a otros por su propio bien. A otros creíste ayudarles pero sin embargo les hiciste tanto daño que por su propio bien abandonaron el teatro.
Y ahora, ahí sentada, observas los despojos de lo que un día fue una obra, y que ahora sólo es un teatro vacío.
El eco de tus pasos te recuerda que en esta farsa, estás completamente sola.

No hay comentarios:
Publicar un comentario